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MICROPOLÍTICAS DE LO COTIDIANO(eng)

Apropiación, empoderamiento, comunidades de uso y espacio público «No hay libertad en el empleo del tiempo sin la posesión de los instrumentos modernos de construcción de la vida cotidiana. El uso de tales instrumentos marcará el salto de un arte revolucionario utópico a un arte revolucionario experimental» Guy Debord (Tesis sobre la revolución cultural, Internationale Situationniste, nº 1)) «Un dispositivo de funcionamiento de la ciudad contemporánea que concierne a las dinámicas de la vida colectiva fuera de los canales convencionales» Giovanni La Varra (Post it city) «Una colección de situaciones sociales que debiliten el deseo de una existencia controlada» Richard Sennett. (Vida urbana e identidad personal) 1. Una reductiva y nostálgica premisa Eran unos gritos, los que ponían al corriente a los niños de las generaciones anteriores a la masificación de los teléfonos móviles de la llegada de la hora de cena. Esos coros de almuédanos acompañaban los niños a casa, pero solo al hogar simbólico. Era la llamada de la reverie descrita por Bachelard, mientras la “casa” en su sentido profundo era un dominio práctico mucho más vasto, extendido a la calle y definido por una geografía empírica y emocional. Era una ciudad en la que se entrelazaba un articulado tejido de hilos entre habitaciones y espacios públicos, un territorio de híbridos entre lo privado y lo colectivo, de degradados en el concepto de propiedad, de responsabilidad, de familia y de comunidad. 2. Una simplificada y apocalíptica crónica. Luego llegó la fragmentación y la disolución del espacio físico, la sociedad se hizo líquida, la esfera social del individuo se atrofió, la comunidad se destrozó y quedaron en pie las torres de viviendas, enlazadas vía cable con el resto del mundo, y las calles, inevitable e incómoda necesidad. Llegaron el imperativo del consumo y la propaganda de la inseguridad constante. Se impuso un modelo cultural basado en unos principios sencillos: la ciudad es un ambiente hostil y en ningún lugar se está a salvo como en un centro comercial. La metrópolis ha evolucionado hacia un exceso de especialización de los espacios de vida de los ciudadanos. Ha generado entornos protegidos por reglas estrictas que evitan el desarrollo de cualquier conflicto en el marco de una pacificación impuesta y limitante para las libertades individuales y la autodeterminación de las comunidades. La “planificación total” de las actividades y los usos se ha convertido en el principio dominante en la ciudad: la socialización tiene lugar en bares, el deporte en polideportivos, el ocio dominguero en parques. Un modelo de anestesia de las pulsiones sociales urbanas, en auge en el momento histórico en el que arquitectos, sociólogos y antropólogos encuentran un común interés en el ambiente urbano como escenario de conflicto, en la mezcla de usos, en los contrastes culturales y en la baja definición funcional del espacio. 3. Escatología del espacio público. El ataque de los poderes políticos hacia el espacio público se ha desarrollado en múltiples frentes. Un primer frente ha tenido que ver con lo simbólico. Con la construcción de la ciudad global y sus estrategias de imagen ejecutadas por las grandes firmas de la arquitectura. En la ciudad generada por un poder central según sistemas de reglas globales, los signos arquitectónicos que componen el texto urbano constituyen una imposición. Los ciudadanos son receptores pasivos de unos mensajes de propaganda, se mueven dentro de contextos ajenos respecto a sus sistemas culturales, desarrollan un sentido de falta de pertenencia, de alienación y de impotencia respecto a su hábitat. El mito de la bigness, del sistema macro-arquitectónico centralizador en el que todos los factores se convierten en un problema de diseño, y se solucionan con el gesto del genio creativo ha generado, en las global cities, espacios vacíos y estériles. El segundo frente para la erosión del espacio público y de su función ha sido de tipo legal. La proliferación de normas y prohibiciones que determinan totalmente los límites del uso de las calles, reduciéndolo a sus mínimos términos, las convierte en un territorio contemplativo y de tránsito. Actualmente, en las calles de la mayoría de las ciudades se prohíbe el consumo de alcohol, la preparación de comida y la pernoctación. Se limitan las emisiones sonoras, los juegos de los niños y en algunos contextos hasta se imponen un cierto vestuario y se define el límite máximo de ciudadanos que se pueden reunir. La jornada tipo de un ciudadano que rechace, o no pueda conducir una vida resuelta entre casa, espacios de producción y consumo, se compone de un constante cruce de las fronteras entre la vida normal y esta ilegalidad arbitrariamente establecida. Finalmente, el conflicto entre poder y espacio público ha encontrado su climax en el aspecto arquitectónico. A través de la intervención física se ha cumplido el proceso de expoliación de las funciones sociales del espacio público, y de transformación en lo que Bauman define como espacio émico. Citando a Steven Flusty, Bauman afirma que la ciudad contemporánea usa medios arquitectónicos que son versiones técnicamente actualizadas de las murallas y las torres medievales, necesarias para defender unos ciudadanos de otros a los que se atribuye el estatus de enemigos. El “espacio erizado”, defendido por elementos que impiden sentarse y que no puede ocuparse cómodamente, o el “espacio nervioso”, que no se puede usar sin ser observados por organismos de control, han sido las principales tipologías formales aplicadas a plazas y calles. Barreras al uso legitimadas por un principio que Flusty define “building paranoia”, una política de administración del miedo basada en la idea que la ciudad se tiene que proteger de quien la habita. 4. Mediadores urbanos En el espacio público el mobiliario urbano se encuentra cada vez más ausente. Estos elementos rompen las dinámicas de los espacios de consumo, por lo que tienden a desaparecer. Los bancos entorpecen el tránsito hacia el consumo, pueden llegar a ser el lugar de pernoctación de las personas sin hogar, y pueden distraer, ya que habilitan un espacio para la reunión y la concentración en determinados lugares. La tendencia a evitar la instalación de este tipo de mobiliario urbano se incrementa, por lo que se están reduciendo las zonas de nuestras ciudades en las que es posible sentarse en un banco público. Un ejemplo: En 2008, en Valparaíso (Chile) en la vigilia de una importante manifestación, todo el mobiliario del centro de la ciudad fue desinstalado para que no fuese usado como arma o para formar barricadas. En nuestras ciudades también los bancos pueden servir hoy de trincheras para reivindicar un uso más arbitrario del espacio público por parte de los ciudadanos, frente al uso de un espacio totalmente planificado e impuesto por las administraciones municipales. 5. El espacio público: territorio ocupado. Los espacios públicos se encuentran en una condición parecida a un estado de ocupación por parte del poder político y económico. En consecuencia, la esfera de relaciones sociales está profundamente reducida y cada vez es menor la fuerza de la colectividad como agente social activo para controlar el poder, para la reivindicación y la gestión de los bienes comunes. La colectividad está atrapada en el papel de electorado y las asociaciones de vecinos en el mejor de los casos- son agentes pasivos. Profesionales, movimientos sociales y activistas encuentran enormes barreras para poner en marcha procesos de transformación de la ciudad, plagada de mallas que coaccionan la libertad de acción al impedir el acceso a espacios donde desarrollar sus propuestas y reivindicaciones. Sólo los ciudadanos que, como afirma Rebecca Solnit, están familiarizados con la ciudad que habitan como territorio práctico, además de simbólico, pueden ser capaces de ejercer un verdadero control social. Cuando se limita el derecho de reunión quitando los bancos de una plaza, cuando se fomenta el uso del coche o se aprueba una ley como la denominada “antibotellón”, en realidad se está actuando contra los lugares de encuentro, se está dispersando a los ciudadanos y restringiendo sus posibilidades de actuar en colectividad. 6. Micropolíticas de lo cotidiano. A pesar de encontrarnos con un escenario de ciudades excesivamente reglado, coercitivo y dirigido exclusivamente a la producción y al consumo, encontramos, desde una mirada optimista, algunos elementos que nos permiten subvertir y sabotear estos códigos impuestos. Existen manifestaciones espontáneas, mediante la apropiación del espacio público, que responden a este estrangulamiento, a estas subjetividades impuestas por el urbanismo planificado. El potencial político de estas prácticas antagónicas, que hacen frente a la hegemonía de pensamiento, reside en que apuestan por el disentimiento como herramienta clave para la recuperación de las subjetividades perdidas. 7. El proyecto Banco Guerrilla Se trata de generar una plataforma física/virtual para la investigación/experimentación e intervención sobre los mecanismos de apropiación del espacio público por parte del ciudadano fuera de los canales convencionales del urbanismo planificado. Para ello se propone la investigación de prototipos de mobiliario urbano, u otros instrumentos/artefactos, que planteen la ocupación temporal del espacio público como catalizadores de prácticas autónomas y autogestionadas. El objeto central del proyecto es detectar y potenciar aquellas micropolíticas cotidianas que generan nuevas subjetividades mediante la ocupación temporal del espacio público por parte del ciudadano fuera de los canales convencionales del urbanismo planificado. Queremos fomentar la apropiación y el uso del espacio público por parte de los ciudadanos y dar un paso hacia un urbanismo de guerrilla, en el que cada ciudadano sea agente activo y autónomo en la transformación urbana. La finalidad del proyecto es fomentar la apropiación y el uso del espacio público por parte de los ciudadanos, estimular la participación directa en los procesos de generación y gestión de la ciudad. Dar un paso hacia a un urbanismo de guerrilla, en el que cada ciudadano sea agente activo y autónomo en la transformación urbana. Una práctica de “crítica viviente” extendida a escala urbana. 8. Focos de Guerrilla. La demanda de espacios de participación por parte de las comunidades metropolitanas es hoy más fuerte que nunca. En las brechas entre una ciudadanía excluida y una ciudad impuesta, sin embargo, se abre un espacio el que se las distintas prácticas de microurbanismo pueden acercar, a partir de la pequeña escala, la estructura urbana a las necesidades de quien la usa o habita. La planificación participativa tradicional vive una fase de crisis, a raíz del abuso que el poder público ha hecho de ella como forma para legitimar forzosamente decisiones autoritarias. Por otro lado, se están desarrollando espontáneamente modelos de participación directa más virtuosos, que pueden constituir un paso no sólo de superación de la democracia representativa, si no también de la democracia participativa, hacia una idea de implicación más directa de los ciudadanos. La idea de una responsabilidad colectiva que no se limite a la toma de decisiones, y que abarque también los procesos de construcción y gestión de los dominios comunes es una receta que se apoya en la cultura tradicional de muchos lugares, y que en esta fase puede apoyarse a nuevas técnicas y tecnologías teniendo un papel fundamental en las transformaciones urbanas futuras. Es algo común en otros proyectos anteriores de TXP trabajar mediante practicas colaborativas, como en Street Games II , proyecto desarrollado en la ciudad de Quito en colaboración con la comunidad de Santa Rita donde se desarrollaron unas gradas para un campo de equavoley. También proyectos como Esta es una plaza en Madrid, o el Campo de la Cebada, donde se han desarrollado equipamientos autogestionados en colaboración con los vecinos. Y por un último destacar los proyectos del Parque Alaska y Parque la Barranca, donde se han implicados varios colectivos trabajando de manera colaborativa, recuperando los parques existentes, generando identidad propia y empoderando a la comunidad. El proyecto BG también se nutre de de esta metodología y se articula a través de prácticas colaborativas con comunidades o asociaciones detectadas en los que hemos denominado focos de guerrilla que son actividades o usos del espacio público no reglado o todavía no asimilado por el sistema de la ciudad. Prácticas que en la actualidad se encuentran sin instrumentos en términos de equipamiento urbano, que puedan inspirar un uso creativo de los recursos y sugerir modelos de apropiación. Desarrollando un laboratorio donde activar prácticas colaborativas y de código abierto de experimentación sobre materiales, técnicas de autoconstrucción y nuevos usos del espacio. Para ello se propone la investigación de prototipos de mobiliario urbano u otros instrumentos/artefactos que planteen la ocupación temporal del espacio público como catalizadores de prácticas autónomas y autogestionadas. Una serie de intervenciones en el espacio urbano a través de acciones puntuales, acciones transformadoras sobre lo existente e instalación de mobiliario urbano efímero.

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Esos coros de almuédanos acompañaban los niños a casa, pero solo al hogar simbólico. Era la llamada de la reverie descrita por Bachelard, mientras la “casa” en su sentido profundo era un dominio práctico mucho más vasto, extendido a la calle y definido por una geografía empírica y emocional. Era una ciudad en la que se entrelazaba un articulado tejido de hilos entre habitaciones y espacios públicos, un territorio de híbridos entre lo privado y lo colectivo, de degradados en el concepto de propiedad, de responsabilidad, de familia y de comunidad. 2. Una simplificada y apocalíptica crónica. Luego llegó la fragmentación y la disolución del espacio físico, la sociedad se hizo líquida, la esfera social del individuo se atrofió, la comunidad se destrozó y quedaron en pie las torres de viviendas, enlazadas vía cable con el resto del mundo, y las calles, inevitable e incómoda necesidad. Llegaron el imperativo del consumo y la propaganda de la inseguridad constante. Se impuso un modelo cultural basado en unos principios sencillos: la ciudad es un ambiente hostil y en ningún lugar se está a salvo como en un centro comercial. La metrópolis ha evolucionado hacia un exceso de especialización de los espacios de vida de los ciudadanos. Ha generado entornos protegidos por reglas estrictas que evitan el desarrollo de cualquier conflicto en el marco de una pacificación impuesta y limitante para las libertades individuales y la autodeterminación de las comunidades. La “planificación total” de las actividades y los usos se ha convertido en el principio dominante en la ciudad: la socialización tiene lugar en bares, el deporte en polideportivos, el ocio dominguero en parques. Un modelo de anestesia de las pulsiones sociales urbanas, en auge en el momento histórico en el que arquitectos, sociólogos y antropólogos encuentran un común interés en el ambiente urbano como escenario de conflicto, en la mezcla de usos, en los contrastes culturales y en la baja definición funcional del espacio. 3. Eschatology of public space. The attack of the political powers on public space has developed on multiple fronts. A first front has had to do with the symbolic. With the construction of the global city and its image strategies executed by the major architectural firms. In the city generated by a central power according to systems of global rules, the architectural signs that make up the urban text constitute an imposition. Citizens are passive recipients of propaganda messages, they move within foreign contexts with respect to their cultural systems, they develop a sense of lack of belonging, alienation and powerlessness with respect to their habitat. The myth of bigness, of the centralising macro-architectural system in which all factors become a design problem and are solved with the gesture of the creative genius has generated, in global cities, empty and sterile spaces. The second front for the erosion of public space and its function has been legal. The proliferation of norms and prohibitions that totally determine the limits of street use, reducing it to its minimum terms, makes it a contemplative and transit territory. Currently, alcohol consumption, food preparation and overnight stays are prohibited on the streets of most cities. Noise emissions and children's games are limited, and in some contexts even a certain amount of clothing is imposed and the maximum number of citizens that can be gathered is defined. The typical working day of a citizen who refuses, or cannot lead a determined life between home, spaces of production and consumption, is made up of a constant crossing of the borders between normal life and this arbitrarily established illegality. Finally, the conflict between power and public space has found its climax in the architectural aspect. Through physical intervention, the process of plundering the social functions of public space has been completed, and of transformation in what Bauman defines as an emic space. Quoting Steven Flusty, Bauman states that the contemporary city uses architectural means that are technically updated versions of medieval walls and towers, necessary to defend citizens from each other who are attributed enemy status. The "bristling space", defended by elements that prevent sitting and that cannot be comfortably occupied, or the "nervous space", which cannot be used without being observed by control bodies, have been the main formal typologies applied to squares and streets. Barriers to use legitimised by a principle that Flusty defines as "building paranoia", a policy of managing fear based on the idea that the city must protect itself from its inhabitants. 4. Urban mediators Street furniture is increasingly absent from public space. These elements break the dynamics of the spaces of consumption, so they tend to disappear. Banks hinder transit to consumption, can become a place for homeless people to spend the night, and can be distracting, providing a space for gathering and concentration in certain places. The tendency to avoid the installation of this type of street furniture is increasing, so that the areas of our cities where it is possible to sit on a public bench are being reduced. An example: In 2008, in Valparaíso (Chile) on the eve of a major demonstration, all the furniture in the city centre was removed from the premises so that it would not be used as a weapon or to form barricades. In our cities, banks can also serve as trenches today to demand a more arbitrary use of public space by citizens, as opposed to the use of a totally planned and imposed space by municipal administrations. 5. Public space: occupied territory. Public spaces are in a condition similar to a state of occupation by political and economic power. Consequently, the sphere of social relations is deeply reduced and the strength of the collective as an active social agent to control power, to claim and manage common goods is diminishing. The community is trapped in the role of the electorate and neighbourhood associations at best - are passive agents. Professionals, social movements and activists encounter enormous barriers to set in motion processes of transformation of the city, full of meshes that coerce freedom of action by preventing access to spaces where their proposals and demands can be developed. Only citizens who, as Rebecca Solnit says, are familiar with the city they inhabit as a practical territory, as well as symbolic, may be able to exercise real social control. When you limit the right of assembly by removing the benches from a square, when you encourage the use of cars or when you pass a law such as the so-called anti-bottle' law, you are actually acting against meeting places, you are dispersing the citizens and restricting their possibilities of acting collectively. 6. Micropolitics of everyday life. Despite the fact that we are faced with a scenario of cities that is excessively regulated, coercive and aimed exclusively at production and consumption, we find, from an optimistic point of view, some elements that allow us to subvert and sabotage these imposed codes. There are spontaneous manifestations, through the appropriation of public space, that respond to this bottleneck, to these subjectivities imposed by planned urbanism. The political potential of these antagonistic practices, which confront the hegemony of thought, lies in their commitment to dissent as a key tool for the recovery of lost subjectivities. 7. The Banco Guerrilla project It is a question of generating a physical/virtual platform for research/experimentation and intervention on the mechanisms of appropriation of public space by the citizen outside the conventional channels of planned urban planning. To this end, research is proposed into prototypes of street furniture or other instruments/artifacts that propose the temporary occupation of public space as a catalyst for autonomous and self-managed practices. The central objective of the project is to detect and strengthen those everyday micro-policies that generate new subjectivities through the temporary occupation of public space by citizens outside the conventional channels of planned urban planning. We want to promote the appropriation and use of public space by citizens and take a step towards a guerrilla urbanism, in which each citizen is an active and autonomous agent in urban transformation. The aim of the project is to promote the appropriation and use of public space by citizens, stimulating direct participation in the processes of generation and management of the city. To take a step towards a guerrilla urbanism, in which each citizen is an active and autonomous agent in urban transformation. A practice of "living critique" spread on an urban scale. 8. Guerrilla Outbreaks. The demand for spaces for participation by metropolitan communities is stronger than ever today. In the gaps between an excluded citizenry and an imposed city, however, a space opens up in which the different practices of microurbanism can bring the urban structure closer to the needs of the person using or living in it, starting from the small scale. Traditional participatory planning is going through a crisis phase, as a result of the abuse that the public authorities have made of it as a way of necessarily legitimizing authoritarian decisions. On the other hand, more virtuous models of direct participation are being spontaneously developed, which may constitute a step not only towards overcoming representative democracy, but also towards a more direct involvement of citizens. The idea of a collective responsibility that is not limited to decision-making, but also encompasses the processes of construction and management of common domains, is a recipe that is based on the traditional culture of many places, and that at this stage can be based on new techniques and technologies, playing a fundamental role in future urban transformations. It is common in previous TXP projects to work through collaborative practices, as in Street Games II, a project developed in the city of Quito in collaboration with the community of Santa Rita where they developed some stands for a field equavoley. There are also projects such as Esta es una plaza in Madrid, or Campo de la Cebada, where self-managed facilities have been developed in collaboration with the residents. And lastly, the Alaska Park and La Barranca Park projects, where several groups have been involved in working collaboratively, recovering existing parks, generating their own identity and empowering the community. The BG project is also nourished by this methodology and is articulated through collaborative practices with communities or associations detected in what we have called guerrilla foci that are activities or uses of public space that are not regulated or not yet assimilated by the city system. Practices that currently lack instruments in terms of urban equipment that can inspire a creative use of resources and suggest models of appropriation. Developing a laboratory to activate collaborative and open-source practices of experimentation on materials, self-construction techniques and new uses of space. To this end, the research of prototypes of urban furniture or other instruments/artifacts that propose the temporary occupation of public space as catalysts for autonomous and self-managed practices is proposed. A series of interventions in the urban space through specific actions, transforming actions on the existing and installation of ephemeral urban furniture.

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